Entradas

Gratis

 Todo tiene un precio, o al menos, a todo se le pone uno. Así funciona nuestra sociedad. Tasamos hasta el aire que se respira, pero lo más valioso en realidad no cuesta dinero ni se puede comprar. El mundo fitness desde tiempo inmemoriales ha estado lleno de publicidad, productos y ventas. Siempre hay quienes buscan ofrecer (por un módico precio) el remedio definitivo. Una solución utópica que promete un cambio físico, mayor bienestar general. Pero los cambios empiezan en nuestras propias cabezas, en una constancia que va dando resultados. Lo importante más que reventarse un día a la semana, es mantener la rutina de entrenar un poco cada día, como quien va cavando una gruta subterránea golpe a golpe. Todo tiene un precio (o al menos así nos lo dice la publicidad) Sin embargo, la calistenia es gratis. La calistenia gratis. Nada de “compra este bono” Nada de “paga esta cantidad al mes”. Simplemente es salir a la calle, buscar las barras, empezar a entrenar. He probado gimnasios. Algu...

Comparaciones

En redes sociales también podemos encontrar un clima de comparaciones continuas, pero en la calistenia las comparaciones son difíciles (y en mi opinión injustificables) a la hora de hacer dominadas influyen muchos factores:  - La velocidad de la subida y la bajada  - El peso de la persona y cómo se reparte  - El tipo de músculos que tiene más desarrollados  - Cuánto balanceo usa y cómo es su técnica de dominadas  - Hasta qué punto la barbilla pasa por encima de la barra  - Su estructura corporal  - Hora del día elegida para entrenar (si es la que más le favorece o no)  Y estos solo son algunos de los primeros factores que se me ocurren porque seguro que hay más. Así que en la calistenia podemos concluir que las comparaciones no caben. No tiene ningún sentido compararse con los demás. Cada uno tiene su propio cuerpo y por lo tanto sus propios objetivos calisténicos independientes.  La calistenia es retarse a uno mismo, porque en el fondo, es u...

4.00 de la mañana

 La noche del día 16 de agosto daba vueltas en la cama sin ser capaz de conciliar el sueño. Me sentía intranquila. Pensaba en el paso del tiempo. Un día era una adolescente viendo Hanna Montana y ahora camino en dirección a los treinta sintiéndolos acercarse a mí como un tsunami. Mi vida no es cómo la había proyectado. Soñé el éxito y descubrí el fracaso.  Estaba en la cama pensando en cómo vamos quemando etapas de nuestra vida. Creo que en líneas generales no somos conscientes del paso del tiempo hasta que pasa. Sé que es una frase absurda, pero es la que se me ocurre. Cuando tenía veinte años tenía una mayor sensación de infinitud. Me sentía intemporal como si fuera a durar eternamente en un estado de veintena inquebrantable. Pero no, por supuesto que no soy eterna (solo Jordi Hurtado lo es). Cuando tenía veinte tenía la percepción de "tener más tiempo".  Ahora noto más la presión, las prisas y la urgencia por resolver mis problemas. Antes pensaba que había años de sobr...